miércoles, 26 de septiembre de 2012

Origen


Todo lo que tengo es esta ciudad
Y ésta me envuelve en su conjunto.

Aquí, me resultan demasiado predecibles las calles
Su familiaridad me compromete a escapar lejos;
Siento que corro el riesgo de perder la cordura, los huesos y la piel.

Transito las calles de este pueblo,
Reconozco su profundidad, sus direcciones y pavimentos,
Me asombro ante su anchura,
Su grandeza hace que me duelan las extremidades al andar;
Cada paso la vuelve más inmensa,
Cada paso hace que me cueste respirar.

Alguien que me ayude a huir…
Ando ansiosa de admirables alturas,
Me llaman esos paisajes solemnes, ese existir desconocido, esa libertad.

Éste lugar me sostiene sin opción a fuga,
A pesar de mi resignación y melancolía,
Éste lugar no me deja emigrar,
No importan mis ansias de ver el horizonte cercano,
Éste lugar es tan mío como yo soy suya.

En esta ciudad,
En esta noche,
Ya no queda más que el conformismo,
Me dejaré llevar por la neblina de la hora,
Estaré en cada muro, balcón, pasaje y quinta,
Me despediré con un reconocimiento…
Creo que moriré hoy, aquí, en esta urbe, llena de su totalidad.

martes, 7 de agosto de 2012

Confieso


Que todavía no sé lo que es la poesía,
Soy inculta con su contenido, desconozco con qué se combina e ingiere
O de qué se alimenta y reproduce.

No sé a qué está sujeta toda la gama de su arte,
Ni tampoco lo que debe de ser lo correcto entre sus líneas
O lo que jamás debería de ser deletreado.

Será quizás que no sé nada de la vida,
Que el mundo me ha tratada como ignorante,
Me ha rescatado de cualquier aptitud
Y me ha aislado de definiciones trascendentales.

Menos sé algo del cosmos, del universo,
De Platón, de Darwin o siquiera de Vallejo;
Pero tengo la seguridad escondida en mi melena
Que sin la poesía
Mis extremidades no tendrían propósito,
Mi alma sería un vacío aún más grande y oscuro;
Que sin su presencia no gozaría de esta libertad adictiva,
Obsesiva y necesaria para confesarme sin prejuicios ante un pedazo de papel. 






Floresta


Desde hace tiempo veo sólo árboles, sus estructuras parecen habérseme clavado en las pupilas.
Tengo perforados en las retinas sus formas, su contextura, sus medidas y ramificaciones y cada una de sus características han encontrado refugio en la parte posterior de mi sien.
Cierro mis párpados y veo sus sombras en la noche, sus siluetas gigantescas y acogedoras se regocijan de su universalidad, son conscientes de su rol primario sin temerle a estar expuestos, vulnerables a la merced de todos los seres vivos cercanos.

Me aíslo entre los árboles, su grandeza me acoge cuando el cielo me pesa en demasía y me aprisiona de serle fiel a cualquier impulso, sus huertos me permiten echarme sobre sus raíces solamente para admirarlos desde la bajeza de mi humanidad, dejando en el olvido lo demás. Las diferentes formas de sus hojas, las líneas sin sentido de sus troncos, sus ramas largas y trepadoras, las diversas gamas de sus colores, de sus verdes veraniegos, de sus naranjas otoñales, el movimiento de sus extremidades con el viento y la rectitud de su posición optimista.

Ojalá… Ojalá algún día sepa imitarlos lo suficiente como para abandonar mi melena y mis ojos grandes y transformarme en uno de ellos, en un árbol de esos que abundan en Lima y el Olivar. 

lunes, 16 de julio de 2012

Cuidado con la verdad


Me miras en un intento de entenderme,
Y puedo ver reflejada en tus pupilas la honestidad de tu tentativa;
En un afán de complacerte
Busco respuestas a cuestionamientos profundos
Y sin más remedio, me despliego con el alma abierta ante tus párpados
Con la esperanza de que ceses aquel ejercicio
Y vengas a llenarme la frente con besos.
 
Sin embargo, insistes,
Me acosas, te aferras a tratar de comprenderme,
Te frustras y terminas sacándome una verdad…

La necesito, verás,
Necesito la adrenalina como quien necesita respirar,
Me hace ansias cometer estupideces y obedecer a mis impulsos;
Simplemente la exijo porque es mi recordatorio de que existo,
De que vivo, de que siento;
Un memorándum de que aquel vacío que se siente adentro
Es solo el refugio de aquellas hormonas,
Una nota escrita para mis adentros
Sobre remordimientos, experiencias,  contradicciones;
Y si por consentirte tuviera que renunciar a ella,
Convirtiéndome en otra, una versión mía más apagada
Entonces sería mejor que me declararas muerta
Y comiences a buscarte un nuevo amor. 

domingo, 15 de julio de 2012

Fin de día (14.06.11)



Glóbulos oculares rojos. Irritados por el calor de luces de autos extraños. Horrorizados por el reflejo de ventanas ajenas. Conscientes que todos terminamos siendo almas indiferentes.

Párpados pesados. Entrecerrados por el agotamiento. Por las ganas de sobrevivir. Por el olvido de disfrutar.

Pestañas sucias. Lagrimales inflados. Sustancias verdosas abundantes. Gérmenes y bacterias a la espera de cualquier oportunidad de cumplir su parasitario rol.

Mirada perdida. Mirada intrínseca. Clavada en el interior con apariencia de exterior. Perturbada por preguntas. Por vacíos. Por ausencias y nostalgias. Por la luna y sus 17 horas transcurridas bajo momentos demasiado fugaces como para ser percibidos por algo más que no sean nuestras pupilas. 

Hoy me acordé de ti



Quisiera poder volver a divisarte aunque fuese en una lejanía óptica, así podrías recordarme todo lo esencial que parezco haber olvidado. Sé que si mis párpados te notasen, me contagiarías con tu vitalidad de la que estoy ahora carente y al percibirte, no habría duda alguna que tus poemas me llenarían las sienes de imaginación, facilitándome la tarea de escapar de los días en los que no estás presente.  

lunes, 9 de julio de 2012

Terruño

Dime hermano,
¿Cuántas veces lloras
En la penumbra de tu almohada mensualmente?
No tengas miedo de confesar tus escarmientos
Que la humanidad de nuestros caminos
Sabrá asesinarlos dócilmente.

Dime hermano,
¿Cuánto sufres cuando
Un nuevo día se levanta en esta inmensa desesperanza?
Cuéntame a detalle toda tu agonía,
Deja que por unos instantes
Yo cargue aquello que te aplasta las sienes.
 
Verás, me siento culpable hermano,
Tu allá lleno de dolor,
Con la cabeza baja y avergonzada,
Cargada de remordimientos,
De sentencias atrasadas, de muertos, de cadáveres gélidos;
Y yo acá, tan cerca y perpetua,
Escribiendo sobre tu pena,
Con el espíritu sobresaltado pero con el cuerpo tranquilo,
Con el alma destrozada por tus sollozos,
Y sin embargo… sin hacer nada…
Pensando, preguntándome nuevamente,
¿Cómo me puedo atrever a llamarte hermano?

A pesar de mi conciencia, insisto,
Te pido que te manifiestes y reveles; dime, 
Dime cómo te va tratando la vida
Quizás el dolor nos vuelva más cercanos, más hermanos.