Mostrando entradas con la etiqueta la brutalidad de los hechos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la brutalidad de los hechos. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de octubre de 2012

Octubre (de "La Brutalidad De Los Hechos")

Octubre
Hay algo extremadamente melancólico que crece cada año, mis cabellos y mis extremidades parecen sentirlo también… Intentan expandirse con rapidez en el fallido intento de abarcar aquel sentimiento que me atiborra las arterias en el mes de Octubre.
 
Son los días y mañanas llenas de realidades ignoradas en mi niñez, es la pesadez de mis acciones y las consecuencias de mis impulsos; es la vida que se me va escapando de las pestañas mostrándome mi redundante y olvidable humana condición.
 
La simplicidad de los hechos parece haberse desvanecido, la belleza toma otro concepto y todo se va revolviendo en un remolino de vientos de primavera. Y es esa corriente, la cual después de recorrer los pensamientos más oscuros y las ideas más brillantes, llega un 17 a narrarme existencias más impresionantes que la mía… Son millones los cabellos más extensos que los míos, que parecen enloquecerse bajo su poder, son millares los suspiros mas afligidos que sus potentes ráfagas ocasionan, son cientos los cuerpos que obliga a calentarse y numerosos todavía a los que fuerza a petrificarse en el frio de sus conciencias, en la frialdez de sus lamentos.



domingo, 17 de julio de 2011

2 meses. La Brutalidad De Los Hechos.

El día de hoy se cumplen 2 meses desde la publicación de mi 1er poemario titulado LA BRUTALIDAD DE LOS HECHOS, así que ahí les va algo especial como para celebrar.

No me gusta cuando llueve,
cuando este clima me ofrece
cántaros de lamentos quimicamente transformados
en líquido vital;
aquellos fragmentos transparentes
que caen de alturas libres
se me cuelan por la epidermis,
se me acumulan en las espaldas
y me ahogan.

Me saturan los chorros de átomos y moléculas
en una ráfaga invernal de una ciudad
a la que le soy indiferente,
en la cual mi ficticia desaparición
no haría subir la temperatura.

No me gusta cuando llueve
porque así como se empañan las ventanas
durante áquel fenómeno,
así también se humedece
toda mi existencia,
haciendo que el temor ante un naufragio
sea omnipresente.

Se me remueven las entrañas
al sentir que Julio me cachetea el rostro y
me fuerza a reajustar mis horizontes,
a apretar mi mirada para no dejar pasar
ninguna luminosidad.

Y será quizás porque en estas épocas,
no siento la calidez de los cielos,
ni la libertad entrelazárseme por los pies
ni las ganas de andar alucinando con las nubes.

No me gusta cuando llueve
porque todo parece exagerado:
la frialdez es más helada,
la húmedad más hostigante,
los vientos más cortantes
y los pasos más inciertos.